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felipe ii biografía

Tal era su categoría y tal era el aprecio en que era tenido por el Emperador. de Alba, Con ese visto bueno, lo que se trataba era de eliminar a Escobedo sin despertar sospechas, y sin que la Justicia interviniese. tensión en el Mediterráneo. Y le dio un año de plazo; propuesta orillada por el Rey porque estaba demasiado embarazado con la guerra de los Países Bajos. Pero eso, que parecía un gran bien de la Cristiandad según el punto de vista de Roma, era mirado con recelo por Felipe II. Aprovechando las guerras de religión, el monarca español se permitió también intervenir entre 1584 y 1590 en la Por eso, su muerte, en 1539, cuando el príncipe aún no había cumplido los doce años, supuso un duro golpe, tanto más cuanto que no hacía mucho que había visto morir a su hermano Juan, a poco de nacer. La elegida fue Ana de Mendoza, tataranieta del gran cardenal Mendoza, que entonces apenas si tenía doce años. En un principio, se trataba de íntimas conversaciones del padre con el hijo, que se mantenían regularmente, cuando el Emperador, dolido por la soledad que le había traído la muerte de la emperatriz Isabel, buscó en su hijo la ayuda que precisaba para gobernar, máxime pensando que pronto los acontecimientos internacionales lo iban a obligar a dejar nuevamente España. Hoy hay que dar por cierto, documentación en mano, que Antonio Pérez tramó el asesinato de Escobedo, movido por el temor de que su antiguo compañero de la clientela del príncipe de Éboli descubriese al Rey sus propios manejos; pues por aquellas fechas Antonio Pérez se había convertido en el confidente y acaso incluso en el amante de la princesa viuda de Éboli. La gran responsabilidad de gobernar España en años tan difíciles acabó de formar al príncipe, privado pronto además de sus principales consejeros: Tavera murió en 1545, Juan de Zúñiga en 1546 y Francisco de los Cobos en 1547, en el mismo año en el que Felipe tiene que prescindir del duque de Alba, llamado por Carlos V para que le ayudase en la guerra contra los príncipes protestantes alemanes. y el Imperio Germánico fueron entregados al hermano menor de Carlos V, Fernando I de Habsburgo, quedando separadas las Austria La armada de la Santa Liga, con los efectivos de España y de los otros dos aliados, Roma y Venecia, tardó en estar dispuesta para el combate; de hecho, la solemne entrega del estandarte bendecido por el Papa no se hizo hasta fines de agosto en Nápoles, y la concentración de la armada no se logró hasta principios de septiembre, en el puerto siciliano de Mesina. Las luchas entre ambas redes se exacerbaron a raíz del asesinato del secretario Juan de Escobedo (1578), culminando con la detención de Antonio Antonio era hijo ilegítimo y Catalina acabó renunciando a sus derechos, de forma que Felipe II se aprestó a tomar posesión de Portugal. El reino asistió, de ese modo, cada vez más empobrecido, a los esfuerzos del Monarca por mantener su poderío en Europa. Los procesos más sonados se sucedían de una forma escalonada, provocando asombro y escándalo. Y cuando eso ocurrió, en la primavera de 1543, Carlos V le mandará a su hijo desde Palamós, en la costa catalana, un conjunto de Instrucciones, algunas públicas, para que las leyera y releyera con sus principales consejeros, pero otras muy reservadas y secretas, para él sólo y que debía destruir una vez leídas. Clara Eugenia, nacida de su matrimonio con la hija de Enrique II de Francia, Isabel de Valois, pero consiguió que Enrique IV abjurase del protestantismo (1593), quedando Francia en la órbita católica. Felipe II (Valladolid, 1527 - El Escorial, 1598) Rey de España (1556-1598). disputa sucesoria francesa, apoyando al bando católico frente a los protestantes de Enrique de Navarra (el futuro Enrique Para ello Felipe II tuvo que acudir a los mayores esfuerzos: nombrar a su hermanastro don Juan de Austria generalísimo de su ejército y trasladar la Corte a Córdoba en 1570, para estar él mismo más cerca del teatro de las operaciones. La misma capital, Granada, estuvo a punto de caer. Jalisco en la conquista de las Filipinas. Bibl. Todo arrancó en 1552, cuando el príncipe Felipe decidió favorecer a su privado, Ruy Gomes de Silva, desposándolo con una de las damas de la más alta nobleza castellana. Con la agravante de que ambos habían sido los elegidos por los diplomáticos hispano-franceses en el otoño de 1558 para la alianza matrimonial que sellaría la Paz de Cateau Cambresis; sólo que al enviudar Felipe II, aquellos diplomáticos cambiaron al hijo por el padre, y fue el rey Felipe en definitiva el marido de Isabel de Valois; otro motivo de conflicto entre padre e hijo que añadir al generacional y vocacional (frente al Rey-burócrata, el príncipe ansioso de la gloria de las armas). Pero fueron unas negociaciones muy forzadas que provocaron una fuerte tensión en la antigua alianza familiar de la Casa de Austria, situación aprovechada por los enemigos del Emperador para la gran rebelión; sería la grave crisis internacional de 1552, que tan en apuros puso a Carlos V. Para entonces, ya Felipe II había regresado a España en 1551, con poderes muy amplios, para gobernar en ausencia del Emperador. El duque de Alba no sólo iba como general en jefe de aquella fuerza de castigo, sino también como nuevo gobernador de los Países Bajos, relevando a Margarita de Parma. Bibl. Fue suficiente: ya había una culpable. Primeros años. Desde entonces hasta el final del reinado dominó el poder el cardenal Granvela, coincidiendo ¿No habría el peligro de que don Juan de Austria quisiese incluso algo más y del calibre de hacerse con la propia España? emperador, en ocasiones en que la atención de Carlos V era absorbida por conflictos en los Países Bajos (1539) o en Alemania (1543), Tres eran los pretendientes al trono, los tres nietos del rey don Manuel el Afortunado: Catalina, duquesa de Braganza, Antonio, prior de Crato, y Felipe II; Catalina de Braganza como hija del infante Duarte; Antonio, como hijo del infante Luis y Felipe II como hijo de la emperatriz Isabel. con la época en que, gravemente enfermo, el rey se alejó de los asuntos de gobierno y delegó parte de sus atribuciones en De ahí la intervención del papa Gregorio XIII, que fue muy mal acogida por Felipe II, que dio la orden de invadir Portugal, en julio de 1580. Alrededor del rey se disputaban el poder dos «partidos»: el de Fernando Álvarez de Toledo, duque En consecuencia, Felipe II pudo orientar su política exterior hacia el Mediterráneo, encabezando la empresa de frenar el poderío En diciembre de 1576, don Sebastián logró entrevistarse con Felipe II en Guadalupe para recabar su ayuda y para obtener, al menos, garantías de que Portugal nada tuviera que temer en su ausencia. Finalmente, el fatigado emperador resolvió abdicar ¿Desea reproducir alguna biografía en su web? Pero algunas medidas tomadas iban a minar su poderío: en primer lugar, la creación de un severísimo tribunal llamado de los Tumultos, encargado de descubrir y condenar a los cabecillas de aquel alzamiento contra el Rey. Alter ego del Emperador: el príncipe inició su etapa de alter ego del Emperador bien asistido por los mejores ministros con que contaba Carlos V: el cardenal Tavera, al frente de todos, como gran hombre de Estado; Francisco de los Cobos, como notorio experto en los temas de Hacienda; el duque de Alba, el gran soldado, como suprema autoridad en las cosas de la guerra, y Juan de Zúñiga, el viejo ayo de los años infantiles y hombre de la confianza del Emperador, para llevar la Casa del príncipe. Con razón, Bazán se resistía ya a la empresa que antes había apremiado al Rey. Isabel de Valois. La Armada Invencible: fue uno de los lances más destacados de la Historia del siglo XVI: la guerra naval entre la Monarquía Católica de Felipe II y la Inglaterra de Isabel, la hija de Ana Bolena. y el que encabezaron primero Ruy Gómez de Silva, príncipe de Éboli, y más tarde Antonio De ahí, el estupor y la consternación con que el pueblo de los Países Bajos asistió a su implacable ejecución en la Plaza Dorada de Bruselas el 5 de junio de 1568. No pocos de ellos muertos en tierna edad. Cuando vio cercano su fin, Felipe II comprendió que debía dejar otro legado a sus sucesores y se avino a la Paz de Vervins (1598) con Enrique IV de Francia y a desgajar los Países Bajos de la Monarquía, cediéndolos a su hija Isabel Clara Eugenia. Lo que repercutió en otro acontecimiento de su vida, como se verá. Ana de Austria llegó a España en 1570. Y, por si fuera poco, aquel mismo año de 1565 la reina madre Catalina de Médicis pidió el apoyo del Rey para salir de la crisis en que había caído Francia, con el inicio de las guerras religiosas que destrozaron el país; serían las jornadas conocidas como las Vistas de Bayona, en las que Felipe II mandó una comisión presidida por su esposa, la reina Isabel de Valois, asistida por el duque de Alba. Pese a tener puntual noticia de ello, el Rey no hizo nada para mejorar su armada; únicamente aumentó su volumen, lo que suponía el peligro de que el desastre, en vez de ser evitado, fuera mayor. Isabel de Inglaterra estaba poniendo las bases del predominio marítimo de Inglaterra que duró casi hasta la actualidad. En tan enmarañada situación cortesana, los graves acontecimientos surgidos en 1566 no hicieron sino complicar las cosas de un modo gravísimo; porque los calvinistas de los Países Bajos rebelados ese año contra el gobierno de Margarita de Parma en su intento de socavar el poderío del Rey, y teniendo noticia de las diferencias que había entre el Rey y el príncipe heredero, tantearon el apoyo de don Carlos. Tal ocurrió en la noche del 17 de enero de 1568 y de la mano del propio Felipe II, que aquella noche penetró por sorpresa en las cámaras de su hijo, acompañado de su Consejo de Estado y de los guardias de palacio. en mayo de 1588 con destino a Flandes, donde las tropas habían de engrosarse aún más. Madrid, Espasa Calpe-Fundación Academia Europea de Yuste, 2003, 5 vols. Y no sólo aquel proceso, sino también la prisión nada menos que de la princesa de Éboli. Pero aquel matrimonio no duraría mucho. de justicia y de gobierno sufrieron notables reformas, al tiempo que la corte se hacía sedentaria (capitalidad de Madrid, 1560). Pero hay una parte de esa formación del príncipe que don Carlos se reserva personalmente: el aspecto político. function citapers() { var x = document.getElementsByTagName("title"); document.getElementById("perscita").innerHTML = x[0].innerHTML;} Hacía años que había ordenado la modernización de su escuadra, de tal forma que consiguió la marina más poderosa de su tiempo sobre la base de dos principios: naves más veloces y más maniobreras, y, sobre todo, con mayor potencia de fuego. La resonante victoria que esta alianza cristiana obtuvo sobre los turcos en la batalla naval de Lepanto (1571) quedó reafirmada sobrepasaron, dado el peso de los gastos militares sobre la maltrecha Hacienda Real; en consecuencia, Felipe II hubo de declarar a la monarquía Graves sucesos en la Corte: asesinato de Escobedo: los últimos años de la década de los setenta el ambiente político en la Corte se fue enrareciendo. Máxime cuando pronto un suceso gravísimo estalló en el seno de la Monarquía: la rebelión de los moriscos granadinos que desembocó en la tremenda y dura guerra de las Alpujarras que tardó tres años en sofocarse. Pizano y Saucedo, Carlos (1985). De ese modo se inició el proceso del secretario del Rey que produjo verdadero asombro en toda Europa. (Paz de Cateâu Cambrésis, 1559); el pacto quedó reforzado con el matrimonio de Felipe II con la hija de Enrique Tras algunas desastrosas batallas en el mar del Norte, la Armada regresó, pero en el camino de vuelta halló fuertes Para entonces, Carlos V había abdicado en Bruselas (1555), había estallado la guerra de Felipe II, ya Rey de la Monarquía Católica, contra la Francia de Enrique II, se había logrado la gran victoria de San Quintín, en presencia del nuevo Rey, pero se había perdido Calais y los diplomáticos empezaban a sustituir a los soldados, con el resultado de la Paz de Cateau Cambresis (1559). Pero Antonio Pérez se encargó de hacer creer al Rey tales tramas conspiratorias, a lo que le ayudaba la misma indiscreción de Escobedo, quien, mandado por don Juan de Austria a la Corte para pedir encarecidamente a Felipe II una ayuda más eficaz en hombres y en dinero, a fin de poder concluir satisfactoriamente la rebelión de los Países Bajos, lo hizo con tan desmesurada forma que el Rey acabó teniendo por cierto que su hermano conspiraba y que quien alentaba sus planes traicioneros era Escobedo. Para entonces ya había muerto en Yuste su padre, Carlos V, que en los últimos años se había convertido en su mejor y mayor consejero. Fueron cinco años de espera. Tampoco apreció el valor del personaje más destacado de su reinado: Cervantes; si bien en ello tuvieron más culpa sus ministros que él mismo. del Imperio español con la incorporación de Portugal y de sus colonias africanas y asiáticas. Los hechos escuetos acusaban al Rey: la muerte del príncipe heredero en prisión y a poco la muerte de la misma Reina; esto es, de los que habían sido prometidos como futuros esposos en aquellas primeras deliberaciones de los diplomáticos hispanofranceses, que dieron lugar a la Paz de Cateau Cambresis. Juicio sobre su obra: con algunos graves errores, que ya se han señalado, en especial su actitud frente a los rebeldes calvinistas holandeses y en la empresa de Inglaterra, otros muchos aspectos son dignos de valorar positivamente, empezando por su mecenazgo cultural. El árbitro de Europa (1559-1565): la Paz de Cateau Cambresis había cerrado una guerra, penosa herencia del Emperador, pues había sido una lucha contra la Roma de Paulo IV y la Francia de Enrique II, como si hubiera reverdecido la liga clementina de treinta años antes. Poco antes de su muerte, Felipe II lo relevó por el duque de Medina-Sidonia, más dócil a sus órdenes, pero ignorante de las cosas de la mar y de la guerra. De ahí que trasladara pronto a su Corte a Madrid (1561) y que iniciara a poco las obras del impresionante monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Pero Antonio Pérez, el antiguo secretario de Estado del Rey, logró fugarse al reino de Aragón, y pasar después a Francia; un duro golpe para Felipe II que se encontró con la rebelión del pueblo de Zaragoza, amotinado a favor del secretario. Surgió un triángulo amoroso en la cumbre, que pronto evolucionó con la incorporación de otros dos personajes. Y eso fue lo que posiblemente descubrió Escobedo a su llegada a la Corte en 1577. A poco, Felipe II regresaba a España, para no salir ya de la Península hispana en el resto de su vida. Y en el mar, se había logrado rechazar los ataques ingleses a La Coruña, donde brilló la intervención popular, alentada por María Pita, lo mismo que en Lisboa y, en Ultramar, en Puerto Rico. Todo ello condujo ¿Cómo aclarar a la opinión pública, fuera y dentro de España, lo que estaba sucediendo? Todavía hubo de afrontarse dos campañas marítimas en las islas Azores, auxiliado Antonio por la Francia de Enrique III, en los años 1582 y 1583, ambas superadas por el gran marino Álvaro de Bazán. Barcelona: Planeta. VII, Madrid, Real Academia de la Historia, 1832; L. P. Gachard, Correspondance de Philippe II sur les affaires des Pays-Bas, Bruxelles, Librairie Ancienne et Moderne, 1848-1861; L. Cabrera de Córdoba, Relaciones de las cosas sucedidas en la Corte de España, desde 1599 hasta 1614, Madrid, Imprenta J. Martín Alegría, 1857 (prefacio R. García Cárcel, Valladolid, Consejería de Educación y Cultura, 1997), párr. Y para ello se destinó a Felipe II una novia de su edad, María Manuela, la hija del rey Juan III de Portugal y de doña Catalina; un matrimonio arriesgado, dado el estrecho parentesco de los novios, primos carnales en doble grado y nietos los dos de Juana la Loca, pero justificado por el deseo de afianzar las relaciones con la dinastía Avis de Portugal, siguiendo la tradición marcada por los Reyes Católicos y continuada por el propio Carlos V, que apuntaba a la posibilidad de lograr la unidad peninsular por esta pacífica vía; sin faltar los motivos económicos, pues Juan III había dotado generosamente a su hija con 300.000 ducados, que eran ansiosamente esperados por las arcas siempre exhaustas de Carlos V. La boda se celebró en Salamanca el 15 de noviembre de 1543. Y la opinión pública se preguntaba dentro y fuera de España: ¿qué estaba pasando en la Corte del Rey Prudente? Y entre los soldados de los tercios viejos, un personaje legendario: Miguel de Cervantes. (Valladolid, 1527 - El Escorial, 1598) Rey de España (1556-1598). No aceptando un papel secundario, Bazán se negó a salir de Lisboa. Constituyen un corpus documental del más alto valor para el conocimiento de esta etapa del príncipe; un corpus que se completó cinco años después con las Instrucciones de 1548, conocidas como el testamento político del César, pues si las primeras eran sobre todo de carácter moral y para prevenir al príncipe de cómo había de comportarse con sus ministros y consejeros (con la seria advertencia de que jamás cayese en la práctica de tener un valido “porque aunque os fuere más descansado, no es lo que más os conviene”), las de 1548 son una extensa consideración sobre política exterior, desarrollando una visión de la situación de las relaciones con los principales Estados de la cristiandad, así como con el Turco, con el que existían treguas que debían guardarse, porque el buen gobernante debía ser fiel a su palabra, la diese a cristianos o a infieles; unas Instrucciones que, como las de 1543, rezumaban sabiduría política y una fuerte carga ética, de forma que el quehacer del príncipe se supeditase siempre a principios morales. Al enviudar en 1573, tras un corto tiempo en que dio por recluirse en un convento, la princesa viuda de Éboli regresó a la Corte. Y no se puede olvidar que el conde de Egmont había servido a la Monarquía Católica con gran fidelidad y valentía, siendo uno de los héroes de la guerra que el Rey había tenido con la Francia de Enrique II. De ese modo Felipe II, viudo ya de María Tudor, casaba por tercera vez, con una princesa francesa (Isabel de Valois) a la que doblaba la edad: Isabel de Valois, conocida por el pueblo español como Isabel de la Paz, que cuando llegó a España, en 1560, apenas tenía catorce años y que le daría a Felipe II dos hijas, a las que amaría tiernamente: Isabel Clara Eugenia y Catalina Micaela. Es más, el conde de Egmont fue el enviado extraordinario por Carlos V y para representar al entonces príncipe Felipe en la primera ceremonia de la boda simbólica del príncipe con la reina María Tudor. desde 1568; a pesar del ingente esfuerzo militar que dirigieron, sucesivamente, el duque de Alba, Luis de Requeséns, don y pról. El año 1559 estuvo marcado en Castilla por la dura represión inquisitorial contra supuestos focos luteranos; serían los sangrientos autos de fe desatados en Valladolid y Sevilla, con no pocos condenados a la hoguera, algunos incluso quemados vivos. Juan de Austria y Alejandro Farnesio, las provincias del norte de los Países Bajos se declararon independientes El regreso de la Armada, tras el largo rodeo que se vio obligada a realizar bordeando el norte de Escocia y el oeste de Irlanda, acabó por destrozarla, con pérdida ingente de naves, de marinos y de soldados; sería el gran desastre de 1588, que marcó el inicio del declive del poderío español en Europa. Armada», que, a raíz de su fracaso, fue burlescamente rebautizada como la «Armada Invencible» por los británicos. Había otra razón: en los planes de Felipe II, Álvaro de Bazán sólo tenía como misión permitir que Alejandro Farnesio desembarcara con los Tercios Viejos en Inglaterra. Resultado: bodas de Felipe II con María Tudor en 1554 y su segunda salida de España para auxiliar a su segunda esposa en la restauración del catolicismo en Inglaterra; una difícil tarea, interrumpida por la muerte de María Tudor en 1558. En un principio, se trataba de íntimas conversaciones del padre con el hijo, que se mantenían regularmente, cuando el Emperador, dolido por la soledad que le había traído la muerte de la emperatriz Isabel, buscó en su hijo la ayuda que precisaba para gobernar, máxime pensando que pronto los acontecimientos internacionales lo iban a obligar a dejar nuevamente España. Pero cuando Alejandro Farnesio tomó Amberes, en 1585, el Rey creyó que era más viable la empresa contra Inglaterra y pidió a Álvaro de Bazán que le mandara un plan concreto para llevarla a cabo, cosa que hizo el marino a principios de 1586. Felipe II intentó nueva boda con otra archiduquesa, su sobrina Margarita, que había llegado a España acompañando a su madre, la emperatriz viuda María, pero fue rechazado, prefiriendo Margarita el claustro al trono. En su primer encuentro con el enemigo envié mis naves a luchar contra los elementos». Dándose cuenta el Rey de que estaba siendo manipulado la apartó de su lado (“hace tiempo que sé quién es esta señora”, confesó Felipe II años después); de forma que Ana de Mendoza se tuvo que conformar con intrigar desde un puesto inferior, pero todavía importante, como esposa del príncipe de Éboli, el privado del Rey. De ese modo, las ejecuciones se multiplicaron hasta tal punto de que el pueblo denominó aquel Tribunal, no de los Tumultos, sino de la Sangre. a los rebeldes protestantes de los Países Bajos, el apoyo español a los católicos ingleses y las agresiones de los corsarios en 1581 y ya nunca serían recuperadas por España. En todo caso, le ofreció la ayuda castellana, con el duque de Alba, aunque en vano, por negativa del duque si no asumía el mando en jefe de la expedición portuguesa. Y Felipe era advertido por su padre de que no debía tomar ninguna resolución sin la debida consulta con aquellos probados y experimentados consejeros imperiales. De este modo, aun sin aquella aspiración a formar un Imperio cristiano universal que guió los pasos de su padre, Felipe II hizo La pronta ocupación de Lisboa, en una operación conjunta de los tercios viejos mandados por el duque de Alba y de la marina dirigida por Bazán, fue secundada por una rápida acción en el norte de Portugal realizada por Sancho Dávila, que obligó a Antonio a refugiarse en Francia. Y la Justicia descubrió en la cocina de Escobedo una morisca al servicio del secretario. Lepanto: en 1570, contenidos los rebeldes holandeses por el duque de Alba, vencidos y sometidos en el sur los moriscos granadinos, Felipe II se planteó una doble cuestión: la doméstica, de asegurar la sucesión dada la carencia de hijos varones (aunque ya para entonces tenía dos hijas, las infantas Isabel Clara Eugenia y Catalina Micaela), lo que implicaba su cuarta boda; y volcar su poderío en la lucha contra el Islam, incorporándose a la Liga que auspiciaba el papa Pío V. Como nueva esposa eligió a la primogénita de su hermana María, la archiduquesa Ana de Austria, que había nacido en plena Castilla, en Cigales en 1549. Escandalizó a Europa con los procesos, y muerte en su caso, de no pocos altos personajes: de Carranza, el arzobispo de Toledo, en 1559; de don Carlos, el príncipe heredero, en 1568; en el mismo año la ejecución en Bruselas de los condes de Egmont y de Horn; el proceso del secretario de Estado Antonio Pérez y la prisión sin proceso de la princesa de Éboli, en 1579. Fueron no pocas sus amantes, desde Isabel de Osorio hasta Eufrasia de Guzmán, incluida sin duda la misma princesa de Éboli, uno de cuyos hijos —el que luego fue segundo duque de Pastrana— era hijo suyo según el rumor general de la Corte. La Francia de Enrique IV también declaró la guerra a España, mientras seguía abierto y muy activo el frente de los Países Bajos; una difícil situación salvada en parte por la valía de los tercios viejos, mandados por uno de los mejores capitanes del siglo: Alejandro Farnesio, el que había tomado Amberes en 1585 y el que entró en París en 1591.

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